Ilustración – libros, arte – museos, niños – adultos… Sí, tenemos la costumbre de establecer binomios, parejas de conceptos que nos ayudan a formar categorías de palabras y ordenar nuestras ideas, por ejemplo: “La ilustración está en los libros. Los libros ilustrados son para los niños. El arte está en los museos. Los museos son para los adultos.”  

Hagamos juego revuelto, intercambiemos sujeto y predicado: “La ilustración está en los museos. Los museos son para los niños. El arte está en los libros. Los libros son para los adultos.” Vale, ahora mezclemos un poco más los conceptos: “La ilustración y el arte están en los museos. Los libros ilustrados y los museos son para los niños y para los adultos.”

Esta vez sí, hemos llegado a la idea que buscábamos y a la que hoy queremos dedicar este espacio: la de reclamar el trabajo del ilustrador como arte y la atención de los museos a esta disciplina artística accesible a todas las edades. La ilustración es uno de esos escasos territorios capaces de unir el universo adulto y el infantil. Y es también un arte muy singular, el arte de contar historias con imágenes.
La forma más frecuente de aproximarse a la ilustración es a través de los libros que llegan a nuestras manos de niños, que nos inician a la lectura y a la experiencia estética. Tradicionalmente la ilustración ha estado apartada de la categoría de “Arte”, quizá por los prejuicios que supone siempre el establecimiento de categorías, sobretodo cuando se escriben con mayúsculas. Pero poco a poco esa línea se va haciendo más fina y la concepción del arte más amplia, sin perder por ello su exclusividad. Las ilustraciones (como cualquier obra) son artítiscas por su calidad y originalidad, por su capacidad de emocionar y transmitir. Sin embargo, no es muy común ver el trabajo de un ilustrador en un museo o centro de arte, menos aún en un museo de arte contemporáneo.

En una exposición de ilustraciones, la experiencia íntima de la lectura se convierte en la maravillosa experiencia colectiva que supone compartir un mismo espacio con las obras y con otros espectadores. Para nosotros es siempre un motivo de celebración encontrarnos con que un museo de arte moderno dedica su atención a un ilustrador. Esta vez, además, la celebración es doble, porque se trata de alguien a quien  admiramos y tenemos un gran aprecio: el ilustrador mexicano Manuel Monroy.


Su exposición “Interferencias” se abrió al público el pasado mes de mayo en la Sala Gamboa del Museo de Arte Moderno de México. Fue entonces, antes de visitarnos en IlustraTour  para impartir el taller “Esto no es un libro” cuando Manuel Monroy nos escribió para compartir la noticia de su exposición. Montada por él mismo, había reunido un total de 160 piezas, entre obras realizadas a lo largo de su carrera y un sinfn de objetos de toda clase, coleccionados a lo largo de 15 años, que habían inspirado su creación.

 Como si se tratase de gabinete de curiosidades, entre libretas, colecciones de libros, juguetes, cacharros, guantes, tallas de madera, llaves… encontramos los referentes de color, de formas, de discursos… una exposición sobre el ilustrador y sus influencias, sobre las distintas relaciones que un creador puede establecer con los objetos, sobre diálogos con cosas desechadas que vuelven a la vida a través de la visión del artista.

Y, como resultado de esos diálogos, las imágenes de Manuel Monroy, “imágenes de inspiración poética que sugieren juegos de sentido o de humor”, la construcción de su narrativa visual personal a través de la unión de muchas fuentes, de interferencias. “El color, el paisaje, los interiores, la botánica, los humanos, partes del cuerpo como las manos y las cabezas, así como el interés por  los trayectos y por organizar y clasificar, son temas recurrentes en la producción de Monroy y fueron algunos de los ejes que permitieron la articulación del discurso de objetos tan disímiles.”

Para los que -como nosotros- no estáis en México, aquí os dejamos con la web de la exposición y con este vídeo para recorrer la sala.  

La completísima trayectoria de Manuel Monroy es un ejemplo de las muchas facetas que puede llegar a abarcar el trabajo de un ilustrador. Una de ellas, claro, la de exponer en un museo. Os recomendamos una vista a su página web y en especial a la bitácora en la que dedica un espacio a recordar a sus alumnos de Ilustratour 2012. También podéis verle en esta entrevista hablando de sus inicios, su formación y aprendizaje continuos, su proceso de trabajo… o comentando (como hacíamos al inicio de este post) la necesidad de superar la tradicional distinción entre la pintura y el dibujo, por la que supuestamente el dibujo se relacionaría con el desarrollo conceptual y la pintura con el puro placer estético.

Vayamos más allá. Ilustradores, ¡bienvenidos al museo!