Archive for ‘Septiembre, 2012’

Además de dibujar II: a qué dedicar los días, las horas

En la primera parte de la entrevista a Daniela Martagón, la ilustradora nos contaba cuáles han sido sus experiencias más valiosas a la hora de convertirse en autora de álbumes infantiles ilustrados. 
¿Estás pensando en publicar? Daniela comparte en esta segunda parte su punto de vista sobre lo que es más interesante conocer: otras artes, los mercados, qué personas. Os dejamos con ella:
Formación en álbum ilustrado: lo inesperado.
Ha sido muy valioso escuchar a los editores, entrar en contacto con ellos por ejemplo, aquí en Madrid o en Bolonia. Hay algo que me pareció de lo más vital y no sé porqué nunca lo había pensado: fue en las primeras clases de Samuel Alonso cuando se dijo que uno podía tener un proyecto estupendo pero que si lo mandas al lugar equivocado, da lo mismo. Tienes que conocer tu mercado, entender qué ofertas hay, quién eres tú y ver dónde encajas. Y, sí no encajas del todo en ningún lugar, puedes tú buscarte un lugar. Me gustó esa opción que decía Alberto Gamón, la vertiente de la autoedición.  

Entender cómo funciona el mercado editorial, qué buscan los editores y cuáles son los errores gigantes que no cometer creo que es imprescindible para no morir en el intento muy pronto. 

Formación en álbum ilustrado: lo más difícil.
Lo más complejo ha sido encontrar las ideas propias, qué es lo valioso que uno tiene que decir. A nivel técnico son los recursos para álbum – que creo que es lo que más nos falla a todos -y que no tienen que ver estrictamente con el dibujo: la secuencia, por ejemplo. Poder usar el texto de otra manera no literal. Es un recurso ajeno a nosotros los ilustradores, es difícil.
Limando fronteras: otras disciplinas artísticas. 

Quizás no soy demasiado consciente de ello, pero creo la influencia de otras disciplinas artísticas ha sido determinante en mi desarrollo como ilustradora. Mi formación de origen es pictórica, además, me gustan el cine y el teatro, sobre todo los títeres. Me gusta el lenguaje, ver diferentes maneras de contar historias con imágenes. No se ve en mi trabajo, pero me hace hacerme preguntas: ver cuáles son las diferencias y porqué escogemos el medio impreso, que da éste que no te da otros…

Dónde buscar las ideas: una reflexión sobre el estilo personal
La evolución de mi estilo personal está completamente relacionada con algo que comentaba en una pregunta anterior (de la primera parte de la entrevista), mi relación con otros ilustradores. Está relacionado con escuchar a los demás y ver cómo trabajan los otros. 

Pensando en las clases más importantes que he tenido con ilustradores, la mayoría coinciden en que el estilo es algo engañoso: muchos entramos en este sector porque nos gusta dibujar, pero al final oyes a gente que después de 20 años de carrera te dice: “realmente me he dado cuenta de que eso no es lo importante, lo importante es la idea que hay detrás”. Hay que dejar de querer ser algo que no eres, tener algo que decir. Entonces, todo se mezcla: en el viaje, en ver a otros, en saber quién es uno mismo. Ves que los trabajos más importantes que hace la gente hablan sobre sí mismos. Trabajar sobre uno mismo y tener tus propias ideas hacen que surja el estilo; y esto es muy interesante. Cuando te guías por la forma nada más o por una tendencia es porque no quieres escuchar tu propia voz, con todo lo que implica – con tus errores, limitaciones…-. Es como tomar una postura. 

Lo que he aprendido, lo que me interesa como ilustradora, o lo que ahora entiendo que es ser ilustradora, es que eres un autor, un autor que tiene que contar algo con un punto de vista, una idea, y en base a eso tienes un discurso. Por lo que veo, no funciona  muy bien al revés.
Decía Martin Salisbury: “el estilo sale cuando dejas de pensar en el estilo y te centras en lo que tienes que decir”. Ahora pienso, es como contar un chiste. No lo puedes hacer de la misma manera que otro. Puedes estar interesado en el mismo chiste, pero tienes que usarte a ti mismo para que salga bonito. ¿Nunca te ha pasado que quieres contar un chiste genial pero te da tanta risa que no puedes acabarlo? Pues al final se ríen mucho más sólo de verte reír, aunque no lo cuentes” bien”. Pero el chiste, nunca mejor dicho, era reírse, o no?
Al dejar de buscar las maneras de otros (aunque me encanten) de contar, le estoy encontrando el sabor y las posibilidades a lo que ya estaba en mí, esa incapacidad de contar “correctamente” el chiste. No se trata de ser espectacular, sino de sacar provecho de mi propia voz, que es lo que hay. Por cierto que me está resultando mucho más divertido.
Para acabar, un mito venido abajo.
Al introducirme en este mundo he comprendido que dibujar bien o bonito no es ser ilustrador. Ser ilustrador es tener algo que decir y encontrar una manera de decirlo.
Qué va a hacer Daniela Martagón a partir de ahora
Con el Máster tendré un proyecto y revisando los ejercicios me doy cuenta de que tengo un cantidad importante de ideas, historias a medias… Es importante dedicar un tiempo a digerir lo que ha pasado y luego quisiera mover mis proyectos. Ya tengo idea de cómo presentarlos, conozco las editoriales… Aunque vuelva a México, gracias a Internet puedo seguir en contacto con mis amigos de aquí. Intentar mover mis proyectos. Tengo una nueva intuición. 

Desde i con i queremos exclamar dos cosas: ¡¡muchas gracias!! y ¡¡mucha suerte!!
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Pescando un buen principio y un buen final

Un álbum sin palabras. Un dibujo muy expresivo de línea muy simple. Animales que corren aventuras. Un interesante punto de partida, pero no necesariamente una historia interesante. 

“Un día de pesca”, de Béatrice Rodriguez, editado por Libros del Zorro Rojo, contiene dos elementos de vital importancia para lograr que su historia no pase desapercibida entre otras cientos: un buen principio y un buen final.
Parece claro que puede haber un gran álbum con una ilustración aparentemente “poco importante”, en cuanto a sofisticación de la técnica o manejo académico del dibujo, pero que un álbum de factura gráfica impecable en el que no se cuente nada (o se cuente mal), difícilmente se sostiene.
Ahora bien, lo mismo se podría decir de una historia: una gran historia sin un buen principio y un buen final corre el peligro de venirse abajo. Y sin embargo, una historia muchas veces leída puede reinventarse con éxito gracias a un inicio y final sorprendentes.

Si la capacidad de sorprender se ejerce con sutileza, gana eficacia. En “Un día de pesca” un comienzo con contradicciones nos mueven a continuar adelante: presenta como protagonistas a animales antagónicos en el mundo natural,  un zorro y una gallina que viven juntos. Pero al zorro le pasa algo muy de zorros: tiene hambre. Pero… es la gallina la que sale a cazar, en este caso, a pescar. La gallina deja el huevo que estaba incubando al cuidado del zorro.

En este momento, nuestra imaginación se desata. Lo que realmente queremos saber es qué le sucede al huevo que queda en manos del zorro, pero la historia se centra sobre las aventuras que corre la gallina  en su día de pesca. Estas peripecias son dinámicas e inverosímiles a partes iguales, por lo que cuando queremos darnos cuenta estamos sumergidos en la historia de la gallina y hemos olvidado nuestra curiosidad inicial sobre el huevo y el zorro. Así que cuando nos devuelven a estos personajes, se reaviva en nosotros el interés por lo sucedido al huevo: un ascenso el ritmo narrativo, provocado nuevamente por el uso de la contradicción sutil para construir la sorpresa final.

Gracias a este ritmo palpitante y dinámico para el relato visual, no es necesario recurrir a grandes innovaciones en el resto de personajes (el águila gigantesca, los aguiluchos voraces, el monstruo marino) ni en el contexto espacial (básicamente, el mar). Existe también, como en tantas ocasiones felices, la incorporación de un personaje secundario (en este caso un cangrejo) que acompaña al protagonista (la gallina) viviendo la aventura a su manera.

Uno de los puntos fuertes de este álbum es la claridad en el planteamiento, desarrollado íntegramente en las dos primeras páginas, donde nos presenta la controvertida situación de zorro que queda cuidando de huevo, pero donde también nos ofrece pistas ocultas para que el lector atento vea incrementada su curiosidad sobre la naturaleza de la relación entre el zorro y la gallina. Por eso nos parecería prescindible, por innecesariamente explicativo, el texto de la contra del libro para motivar a su lectura:

“Un amor poco convencional, una cría por nacer y una nevera vacía. 
¿Conseguirá la gallina el alimento para su retoño? 
¿Podrá el zorro cuidar del huevo?”

Así como también entendemos prescindible la orientación hacia prelectores: “…una historia para “leer” antes de saber leer”, por alejar este álbum del interés de otros niños y de adultos. En definitiva, este tipo de álbumes son una gran oportunidad para quebrar la dinámica por la que los niños que saben leer se alejan de los libros sin palabras y pierden su capacidad para la lectura de las imágenes.

Y es que es un placer leer imágenes como éstas: sencillas, rápidas, alegres, en un día que transcurre a través de la transición del color y la salida y llegada a la orilla del mar, en una pretendida narrativa circular tristemente interrumpida por desafortunadas faltas de continuidad en las dobles páginas que dejan de ser, aquí y allí, sin motivo aparente, una escena para convertirse en dos.


Cuando las dobles que respetan ser una sola escena, funcionan a la perfección: 

Último punto positivo, muy a tener en cuenta por entrañar cierta dificultad:  “Un día de pesca” será igualmente apreciado y mantiene su interés y sorpresa independientemente de que se haya leído su predecesor “Ladrón de gallinas”, también editado por Libros del Zorro Rojo. Lo que tiene mérito, ya que se partiría conociendo la clave de la relación zorro-gallina.

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Además de dibujar: 365 días siendo ilustradora

En la primera sesión del Máster, Javier Sáez Castán dibujó un autorretrato en el que aparecía con cinco o seis brazos: cada uno de ellos representaba una de las múltiples tareas que ha de realizar diariamente un ilustrador, además de dibujar. 

Desde entonces, la concepción de que para dedicarse profesionalmente a la ilustración se requieren habilidades de lo más variopintas se ha reiterado en la mayoría de las sesiones del programa. Definir cuáles son y cómo benefician a nuestro trabajo y a nuestra carrera no ha sido fácil: en estos tiempos marcados por la saturación de información priorizar, saber dónde merece la pena estar y de qué manera es una tarea compleja.

Queríamos indagar sobre este tema, buscar consejos que nos orienten y ayuden a definir nuestra estrategia. Por eso hemos decidido seguir los pasos de Daniela Martagón, una alumna del Máster que ha tenido un año muy intenso como ilustradora.
Daniela ha compartido con todos nosotros cuál es su percepción al respecto, qué ha sido lo más valioso para su aprendizaje, dónde recomienda estar y, en la segunda parte de esta entrevista, qué es necesario aprender. El objetivo está definido: entrar en el sector de la ilustración y publicar.
El punto de partida: quién es Daniela Martagón y qué busca en la ilustración. 

Mi trayectoria tal cual es corta. He estado dando vueltas por otras partes, estudié Bellas Artes atraída por la idea romántica de la pintura, lo cual no me llevó muy lejos. No acababa de encontrarle sentido, no me hallaba a gusto en el medio. 
Tuve la oportunidad de trabajar en una empresa haciendo dibujos, estuve un año realizando materiales educativos. Me preguntaba si el oficio consistía únicamente en dibujar; tenía la necesidad de darle un sentido a lo que ilustraba. 
Desde siempre tuve muy presente el concurso “A la orilla del viento”, me llamaba la atención. El que las ilustraciones y la historia formaran un libro me gustaba, que fuera algo reproducible, que llegara a las personas. Existe cierto conflicto al respecto en la formación artística; sin embargo, desde mi punto de vista más que exponer, me parece mucho más rica la relación que uno tiene con los libros. En la carrera lo que más me gustaban era dibujar en libretas y esto era un poco problemático: “¿por qué no expones?” “¿por qué no arrancas esto y lo enmarcas…?” Uno disfruta del libro en la cocina, en el sillón, dónde uno elija. Escoges cuándo pasar las páginas, le das la vuelta… Me gustaba esa relación y aunque sabía que existía el libro artístico, no tenía conciencia de que era eso lo que quería hacer. Me costó un poco de tiempo unir todo en uno y fue cuando pensé: “ah, perfecto, el álbum ilustrado lo tiene todo”. 
Dejé el trabajo y pensé en dedicar unos meses a la preparación del premio. Me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. A través de la red encontré diferentes noticias, leí algo acerca de un congreso de ilustración, algo sobre i con i, ilustraTour… De repente vi el máster y pensé: “ah, ellos podrían decirme cómo hacer un álbum para el concurso”. Justo coincidió con que yo estaba trabajando en un proyecto y pensé “voy a dejar de dar rodeos y centrarme”.
Cómo imaginaba 2012
Fue como una aventura: más una intuición que algo razonado – aunque pienso que al final las intuiciones tienen mucha base-. No conocía bien el sector, ni aquí ni en México. Por lo poco que investigué, no había nada concreto allá y en el programa del máster se veían muchas cosas. Me dije: “es un buen momento, me puedo ir, voy a conocer gente, voy a aprender…” No lo pensé demasiado, confié en que las cosas iban a ir sucediendo.

 Ejercicio sobre Pinocho para la sesión con Javier Z

 
Como parte del curso era tener un libro a final del año, pensé: “pase lo que pase, voy a tener un proyecto finalizado con el que volver o quedarme acá; y llegar a ese algo me va a costar mucho esfuerzo y muchísimas experiencias”. Y creo que ha sucedido… bastante.


Moverse en el sector

Ha sido buscando diferentes salidas de la ilustración: ver exposiciones, ir a librerías; es importante ir a ver libros; asistir a otros talleres que aborden la tarea del narrador. Fui a un taller sencillo pero que muy interesante sobre el teatro de sombras, lo que implicó otra forma de aproximación a la imagen y a la historia, es otro tipo de narración. Además, Bolonia, ilustraTour, algunas pláticas de maestros que han estado en el Máster, ver cómo se mueven en otros ámbitos que no son académicos. 

Algunas experiencias valiosas: dónde estar
La feria de Bolonia: ¿ir o no ir?
Estando en España, tenía que aprovechar. Me animó a decidirme el relato de otras personas, en ese sentido fue fundamental estar con compañeros que ya habían ido, del Máster o Ana (Ana Garralón, mi mentora en el Máster). Escuchar qué hicieron, cómo lo vivieron… 
Me contaron experiencias súper traumáticas (“después de ir no quise hacer nada, me trataron muy mal, hice colas interminables”, etc.) Pensé ir sin la intención de encontrar un trabajo tal cual; sé que estoy empezando y mi proyecto, el que tengo, tiene muchos fallos, pero quiero conocer la dinámica. Y era un buen momento porque iba acompañada, conocía gente que me podía descubrir más cosas. Fue genial porque íbamos varios del Máster, había algunos maestros… Creo que lo pude hacer porque no iba con la expectativa de “o aquí consigo un trabajo o no sirvo para esto”. “Ahí hay un lugar, siéntate y hablar con el editor, en inglés, editoriales que no tenían nada que ver conmigo… pero así me quité el miedo. Hay que aprender a enseñar tu trabajo, a hablar de él, aunque tenga muchísimos defectos. Aprende a ver caras que dicen “no sirves para esto” o a que te ayuden. 
 Ejercicio para la sesión con Martin Salisbury


En general mi experiencia fue genial, también a través de Ana tuve más contacto con editores (A buen paso, Ekaré, Fondo de cultura económica y otras partes de Latinoamérica… en un tono muy amistoso. En vez de pasar por el proceso traumático de que me rechazaran 40 editoriales pude hablar de manera amistosa sobre qué pensaban realmente un editor del proyecto que en ese momento tenía. Hice un proyecto con todos los errores que podía hacer y los vi. Aún así, me dijeron cosas positivas. También fue un placer hablar con los ilustradores, me encontré con Violeta Lópiz, que había venido al Máster; encantadora, estuvimos hablando sobre mi proyecto… También conocí a otros chicos ilustradores que no eran los del Máster… Al final, me fui con muchas opiniones sobre mi trabajo, conocí a mucha gente, vi que la gente que ya había ido otros años tiene más experiencia… Ves moverse a alguien y ver cómo le compran un proyecto; ves muchas editoriales, haces contactos… Para mí fue una escuela muy intensiva, una manera de perder el miedo. Hay que tener claro para qué se va. 

Ejercicios para el taller con Alexis Deacon

Se aprende mucho durante las noches. En ese momento yo no ubicaba nada y cené en la misma mesa con Quique de La Fragatina, Pep Bruno, Fernando Pérez Hernando…  Es muy útil para poner caras a la gente y saber que son gente. Estando cara a cara puedes aprender mucho de ellos y es más fácil acercarte después. Las relaciones son muy importantes. Ayuda que te vean, que te reconozcan y además te cuentan cosas muy interesantes. Conoces la verdadera vida de la gente detrás de los libros.

Adónde mirar, álbum en mano: el sector en Europa y en el mundo
Una vez aquí empiezas a intuir tendencias, temas recurrentes en determinados países, cuáles son las posturas de las editoriales… También, que hay tradiciones diferentes en los distintos países con respecto a la ilustración. Por ejemplo, se ve muy clara la de los ingleses, la escuela francesa, italiana… Aprendes que hay mercados diferentes, lo cual está muy bien porque si no encajas en un sitio puedes encajar en otro. 

También en Madrid hay bastante oferta de cursos, de poder acercarte a ilustradores, exposiciones… Puedes ir complementando y estar con gente que quiera hablar de esto, que es bastante importante.

Ejercicio para la sesión con Emilie Vast
Más que Europa y España, para mí ha sido más importante “el viaje”. Sales de lo conocido y me ha servido mucho el dejar las cosas que sabes que eres, que tienes, que haces, y encontrarte en un lugar muy diferente. Es un triple aprendizaje bastante fuerte.
Lugares y compañía: la relación con otros ilustradores.
Todos mis contactos aquí están relacionados con el sector, partiendo principalmente con la gente del Máster. La relación con ellos es lo que ha construido lo que yo ahora pienso de la ilustración. Hubiera sido diferente haberme leído 15 libros de ilustración, seguro que sabría datos muy interesantes, pero ha sido hablar con gente que se dedica a eso. Te dejas de creer las cosas que tú te inventas.

Ejercicios para el taller con Alexis Deacon

Ahí alguien que te dice sí está pasando lo que tú dices o no. Realmente es escuchando las experiencias de los demás como te encuentras, te reconoces y ves que hay diferentes caminos. Lo más bonito no es ver un libro increíble sino ver que esa persona pasó por lo mismo que tú: tenía dudas, los editores le hicieron tal o cual, que dio cincuenta vueltas antes de dedicarse a eso, que tenía 50 bocetos y no sabía que hacer, que todavía le da pánico hacer un dibujo… Compartir toda clase de experiencias con la gente que tiene los mismos intereses ha sido lo más importante. Tanto ilustradores como editores, gente del medio.

Desde aquí agradecemos a Daniela el que haya compartido con nosotros su experiencia.  ¡Y aún quedan cosas por contar! Muy pronto, la segunda parte.
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¡Adiós, pato pollo 2012!

Hoy finaliza el reinado del pato pollo ideado por Gloria Lapeña y nos queríamos despedir con algunas imágenes que manifiestan su presencia en múltiples espacios y materiales de la pasada edición de IlustraTour:

¡Hasta pronto, pato pollo 2012!

¡Adiós, pato pollo 2012!

Hoy finaliza el reinado del pato pollo ideado por Gloria Lapeña y nos queríamos despedir con algunas imágenes que manifiestan su presencia en múltiples espacios y materiales de la pasada edición de IlustraTour:

¡Hasta pronto, pato pollo 2012!

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"Interferencias" de Manuel Monroy (o la ilustración como arte)

Ilustración – libros, arte – museos, niños – adultos… Sí, tenemos la costumbre de establecer binomios, parejas de conceptos que nos ayudan a formar categorías de palabras y ordenar nuestras ideas, por ejemplo: “La ilustración está en los libros. Los libros ilustrados son para los niños. El arte está en los museos. Los museos son para los adultos.”  

Hagamos juego revuelto, intercambiemos sujeto y predicado: “La ilustración está en los museos. Los museos son para los niños. El arte está en los libros. Los libros son para los adultos.” Vale, ahora mezclemos un poco más los conceptos: “La ilustración y el arte están en los museos. Los libros ilustrados y los museos son para los niños y para los adultos.”

Esta vez sí, hemos llegado a la idea que buscábamos y a la que hoy queremos dedicar este espacio: la de reclamar el trabajo del ilustrador como arte y la atención de los museos a esta disciplina artística accesible a todas las edades. La ilustración es uno de esos escasos territorios capaces de unir el universo adulto y el infantil. Y es también un arte muy singular, el arte de contar historias con imágenes.
La forma más frecuente de aproximarse a la ilustración es a través de los libros que llegan a nuestras manos de niños, que nos inician a la lectura y a la experiencia estética. Tradicionalmente la ilustración ha estado apartada de la categoría de “Arte”, quizá por los prejuicios que supone siempre el establecimiento de categorías, sobretodo cuando se escriben con mayúsculas. Pero poco a poco esa línea se va haciendo más fina y la concepción del arte más amplia, sin perder por ello su exclusividad. Las ilustraciones (como cualquier obra) son artítiscas por su calidad y originalidad, por su capacidad de emocionar y transmitir. Sin embargo, no es muy común ver el trabajo de un ilustrador en un museo o centro de arte, menos aún en un museo de arte contemporáneo.

En una exposición de ilustraciones, la experiencia íntima de la lectura se convierte en la maravillosa experiencia colectiva que supone compartir un mismo espacio con las obras y con otros espectadores. Para nosotros es siempre un motivo de celebración encontrarnos con que un museo de arte moderno dedica su atención a un ilustrador. Esta vez, además, la celebración es doble, porque se trata de alguien a quien  admiramos y tenemos un gran aprecio: el ilustrador mexicano Manuel Monroy.


Su exposición “Interferencias” se abrió al público el pasado mes de mayo en la Sala Gamboa del Museo de Arte Moderno de México. Fue entonces, antes de visitarnos en IlustraTour  para impartir el taller “Esto no es un libro” cuando Manuel Monroy nos escribió para compartir la noticia de su exposición. Montada por él mismo, había reunido un total de 160 piezas, entre obras realizadas a lo largo de su carrera y un sinfn de objetos de toda clase, coleccionados a lo largo de 15 años, que habían inspirado su creación.

 Como si se tratase de gabinete de curiosidades, entre libretas, colecciones de libros, juguetes, cacharros, guantes, tallas de madera, llaves… encontramos los referentes de color, de formas, de discursos… una exposición sobre el ilustrador y sus influencias, sobre las distintas relaciones que un creador puede establecer con los objetos, sobre diálogos con cosas desechadas que vuelven a la vida a través de la visión del artista.

Y, como resultado de esos diálogos, las imágenes de Manuel Monroy, “imágenes de inspiración poética que sugieren juegos de sentido o de humor”, la construcción de su narrativa visual personal a través de la unión de muchas fuentes, de interferencias. “El color, el paisaje, los interiores, la botánica, los humanos, partes del cuerpo como las manos y las cabezas, así como el interés por  los trayectos y por organizar y clasificar, son temas recurrentes en la producción de Monroy y fueron algunos de los ejes que permitieron la articulación del discurso de objetos tan disímiles.”

Para los que -como nosotros- no estáis en México, aquí os dejamos con la web de la exposición y con este vídeo para recorrer la sala.  

La completísima trayectoria de Manuel Monroy es un ejemplo de las muchas facetas que puede llegar a abarcar el trabajo de un ilustrador. Una de ellas, claro, la de exponer en un museo. Os recomendamos una vista a su página web y en especial a la bitácora en la que dedica un espacio a recordar a sus alumnos de Ilustratour 2012. También podéis verle en esta entrevista hablando de sus inicios, su formación y aprendizaje continuos, su proceso de trabajo… o comentando (como hacíamos al inicio de este post) la necesidad de superar la tradicional distinción entre la pintura y el dibujo, por la que supuestamente el dibujo se relacionaría con el desarrollo conceptual y la pintura con el puro placer estético.

Vayamos más allá. Ilustradores, ¡bienvenidos al museo!

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¿En qué piensa i con i a la vuelta del verano?

Dejamos atrás IlustraTour 2012, nos sacudimos la arena, nos quitamos el cangrejo anclado a nuestra uña del dedo gordo y reciclamos la toalla de playa para adentrarnos en el impreciso período del entretiempo. Retomamos la actividad pensando en cómo disfrutar de la ilustración en los próximos meses, con la bufanda y el chubasquero puestos. 
Continuamos explorando el proceso de creación de los álbumes ilustrados en el Máster, ahondando en aspectos relacionados con el diseño gráfico, la infancia o el mercado editorial. Además, este otoño nos preparamos para recibir a grandes ilustradores como Javier Zabala, Ajubel, Svjetlan Junakovic o el galardonado con el más reciente Premio Nacional de Ilustración, Emilio Urberuaga


Seguimos también pensando en las ediciones del Máster que darán comienzo en enero. Ya sabéis que el próximo año existirá la posibilidad de cursar el programa a distancia: todos aquellos que viváis lejos de Madrid o tengáis dificultades con las fechas o el horario de las modalidades presenciales podréis optar por el programa online. Los interesados podéis solicitar vuestra plaza hasta el 25 de noviembre, día en que finaliza el proceso de inscripción. 
Además de estas actividades centradas en el álbum ilustrado, estamos preparando nuevas propuestas para estos meses en los que llevamos abrigo. Atentos (a la web, el blog, Facebook, Twitter…), ¡os iremos informando de nuestros planes!
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