Llegamos al aula y nuestra mirada se divide en secciones: empezamos a descomponer.
El libro se divide en etapas de creación, en procesos, en materiales y en un sinfín de características que lo dotan de sentido. Y en el Máster miramos con lupa cómo conseguirlo.

Empezamos marzo buscamos referencias en la obra de Antonio Santos,

 

luego distinguimos los puntos de inflexión en la evolución del estilo de Claudia Ranucci:


Esta tarea precisó de una cercana observación de sus pinceladas –

y luego ella contempló las de los alumnos:

 

Con el paso de los días, fuimos uniendo la imagen con la palabra gracias a la visión de Javier Olivares y de Gustavo Puerta, quienes nos hablaron de secuencia, ritmo y storyboards.

Y, por supuesto, seguimos trabajando con el texto: Samuel Alonso nos dio herramientas para manejarlo y este mes hemos contado también con la ayuda del guionista Daniel Monedero, quién compartió recursos que habitualmente usan los profesionales para organizar el proceso de escritura:


 
Vamos viendo mes a mes nuevas herramientas de análisis y organización que nos permiten dar pasos más firmes en el proceso de creación de un álbum. Descomponemos hasta el detalle para construir, poco a poco, un conjunto de páginas que llenamos de trazos que dibujan letras y formas. Si viviéramos en un mundo de fábula, el proceso sería muy diferente: en vez de autores seríamos magos y para crear nuestra obra bastaría con decir ¡librito, componte!   
Mientras que esperamos a que llegue el día en que adquiramos estos poderes, seguimos estudiando. ¡Avanti, primavera!