El mar y otras cosas de las que también me acuerdo: un libro, inevitablemente, azul

Hoy tenemos el placer de contar en el blog con la historia en primera persona de la autora de álbumes infantiles ilustrados Mónica Gutiérrez Serna, que nos cuenta su experiencia durante el proceso de creación del álbum El mar y otras cosas de las que también me acuerdo

¡Muchas gracias, Mónica, por tu generosidad! ¡Y mucha suerte!

Llevaba tiempo dándole vueltas a la posibilidad de hacer un libro sobre la capacidad de recordar nuestra niñez. Conservamos nuestra infancia dormida en algún lugar de la memoria y solo hace falta un estímulo, como un olor o un paisaje conocido, para que se despierte y nos haga vivir de nuevo, con la misma intensidad, un sinfín de emociones que ni siquiera éramos conscientes de que recordábamos.

Solo con la idea desdibujada en la cabeza se lo comenté a José Díaz, editor de Thule.
Hazlo, ya lo tienes me dijo, escríbelo y mándamelo. Thule es una editorial que mima la edición de sus libros. Es muy gratificante contar con un editor que apoya y permite caprichos que acaban convirtiéndose, muchas veces, en parte fundamental de la identidad del libro. En El mar y otras cosas de las que también me acuerdohay unos cuantos, uno muy especial para mí fue incluir en el libro los dibujos originales de mi abuelo, extraídos de las cartas que conservo de él.  
Empecé a escribir el texto eligiendo como personaje principal a mi abuelo ya que él representaba esa figura frecuente, un hermano mayor, un profesor o un amigo, de quien has aprendido cosas que te han acompañado a lo largo de tu vida. Cuando me preguntan qué porcentaje de veracidad hay en el texto, la respuesta es clara: yo no sé inventar. Así que para desarrollar la idea utilicé mis propios recuerdos pero buscando siempre una complicidad con el lector con la intención de que no se quedara en una sucesión de anécdotas personales que no trascendieran mi propio interés. Lo increíble es que, a pesar de que la historia está ligada a una ciudad en la que te tropiezas con el mar al doblar cualquier calle, muchas personas que han crecido en ciudades sin mar me han hecho saber que se han sentido identificadas porque han vivido una infancia similar creciendo y aprendiendo “de la mano” de su propio “don Jaime”.
 
 
La elección de la ilustración, en este libro, no fue fácil. Las implicaciones personales no ayudaron. Cada texto sugiere una forma de ilustrar y creo que hay que dejarse llevar sin pensar demasiado en a quién va dirigido. Debería haber corazón, sinceridad y tripas detrás de cada compromiso y si, en un momento dado, sientes que tienes que sacrificar parte del lo que ya has hecho por el bien del conjunto, creo que hay que ser valiente y no mirar hacia atrás. No creo en el concepto de genio si no en el trabajo, la autocrítica y, por supuesto, en los pequeños hallazgos que te hacen feliz momentáneamente. El ego, el miedo al error del tipo que sea o una actitud autocomplaciente te limitan a la hora de evolucionar. Por otro lado, demasiada autocrítica también puede paralizarte en un momento dado y al final es, como siempre, la medida la que pone orden. Este libro tuvo varias líneas plásticas. A pesar de vivir en Madrid, desde hace años, Santander está muy presente en mi vida. Así que, supongo, que la nostalgia del mar se manifestó de forma inconsciente en este trabajo que empezó a medio camino entre la pintura y la fotografía para, poco a poco, ir desapareciendo esta última y terminar en una propuesta fundamentalmente pictórica y muy azul.


 

 
A veces me preguntan si es un libro para niños y no sé qué decir. No me gustan las etiquetas, la manía de catalogar y clasificar todo. Me da pena encontrarme ante posturas excluyentes cuando se habla de ilustración y más aún en el entorno de la literatura infantil y juvenil. Yo creo en la diversidad y en la eliminación de las fronteras entre las distintas disciplinas artísticas. Es una lástima ver el escaso interés que existe por el arte contemporáneo en nuestra sociedad y me encantaría que se aprovechara la capacidad que tienen los libros para educar e intentar cambiar esta situación a partir de la infancia, más aún cuando los niños, desde la intuición, comprenden la mayoría de las propuestas plásticas mejor que muchos adultos. Mi sueño sería contribuir un con mi trabajo un poco a esa transformación pero, como le oí en una ocasión a una amiga,
desgraciadamente, no sé si estaré a la altura de mis propias expectativas.

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