Se me ocurren una vasta cantidad de ejemplos que podrían ilustrar la idea de que “cualquier replanteamiento de las leyes que rigen el mundo, de la realidad, da lugar a una ficción”, pero creo que es mejor pasar por alto propuestas tan absurdas como divertidas del tipo “humanos que pueden andar en un plano vertical, no sólo horizontal”, “animales parlantes” o “seres que tienen la capacidad de elegir el clima”. 

El autor de álbumes ilustrados Javier Sáez Castán planteaba en las sesiones del Máster en Álbum infantil ilustrado de la pasada semana esta cuestión: la posibilidad de crear, de generar ideas a través de la subversión de la realidad. Para esta tarea se suele emplear el siguiente comienzo de una frase: “¿Y si…?”
¿Y si el personaje de mi álbum fuera capaz de viajar en una nube?
¿Y si sitúo el desarrollo de mi próximo libro en un futuro plagado de dinosaurios vestidos de domingo?

Bien es sabido que la imaginación no conoce límites, pero el lector no es un pozo sin fondo al que podemos tirar todo tipo de pensamientos que cruzan nuestro cerebro, de aquí para allá, moviéndose sin sentido ni coherencia alguna.

La normalización del universo que sirve de base a la historia es un elemento imprescindible que Javier Sáez Castán domina a la perfección. En el álbum El Pequeño Rey, general de infantería (Ekaré, 2009) un diminuto humano forma un ejército con cochinitas y otros bichos y juntos buscan a un rival contra el que luchar: es un mundo ficticio, basado en la suposición de que un humano puede entablar relación con animales diminutos, que además aceptan vestir con los trajes de los soldaditos con los que juega el Pequeño Rey.
El universo propio que crea Javier Sáez Castán está perfectamente hilado, su mundo está regido, como comentaba Dalí a merced de los textos de Raymond Roussel, por una rigurosa lógica de la fantasía
Esta lógica, la dotación a nuestro mundo ficticio de una estructura y coherencia, permite presentar al lector un mundo fantástico pero creíble, y no un espacio creado sin un sentido, sin un objetivo, donde se disponen sin más una serie de ideas y personajes irreales. 

 

Javier cuida en sus álbumes hasta las cuestiones más minuciosas, como la vestimenta o la actitud y expresión de los personajes secundarios. Todas las decisiones obeceden a un planteamiento previo, a una descripción de cada elemento que aparece en el texto o la ilustración. Construye mundos fantasiosos, divertidos y diferentes donde ningún lector tendrá dificultades para entrar. ¿O a alguien le parece raro que unos bichitos enguyan kilos de hierba con la intención de alcanzar el tamaño de la vaca enemiga a la que pretenden atacar? Es lo que ella hace, por tanto, será el motivo de su inmensa envergadura, ¿no?