Las preguntas de los niños divierten, exasperan, sorprenden… A veces nos inquietan y otras incluso nos desafían: hay preguntas que nunca habíamos pensado que tendríamos que contestar. Para lograrlo ponemos en marcha nuestra imaginación, sobre todo cuando el desafío consiste en describir conceptos abstractos. En otras ocasiones consideramos que la pregunta es inapropiada para ser formulada por un niño y lo que articulamos es el arte del disimulo y el desvío de la atención.

Hay autores que cuestionan cuáles son estos temas intocables y la de idoneidad de alejarlos de la educación infantil. En la pasada edición de ilustraTour los daneses Ole y Dorte nos explicaron que en Dinamarca los álbumes infantiles abarcan temáticas que en otras zonas son consideradas no aptas para niños. El título de su intervención en las jornadas fue precisamente La mayoría de los niños no son idiotas. Isol y el resto de los firmantes del Manifiesto por el álbum ilustrado también han incluido una línea que hace referencia a esta reflexión: Los libros para niños merecen conversaciones adultas.

Hemos querido dedicar este espacio del blog a aquellas historias que desde una perspectiva infantil abordan preguntas difíciles de contestar. Cuando hablamos de lo que se consideran temas no aptos para niños no hace falta pensar en tramas escabrosas o que pervienten de forma negativa la condición de estos niños; nos referimos también a cuestiones como la que plantea el álbum editado por Tándem: ¿qué es el tiempo?


Laura González firma el texto y Aina Cordoncillo las ilustraciones. Las páginas del álbum acompañan a una niña que pregunta a diversos personajes de su entorno qué es el tiempo; una pregunta por la que recibe respuestas dispares. 
El tiempo son las olas que golpean las playas y dibujan las orillas.
El tiempo son los volcanes que despiertan y las nuevas islas que aparecen en el océano. 
El tiempo es cuando el caracol se duerme en la rosa y se convierte en un fósil para siempre. 

 

Su padre, el pianista, el científico o el relojero tienen una percepción diferente de lo que es el tiempo. Llevan la explicación a su terreno: el señor del maletín tiene prisa y para él el tiempo es dinero; para la abuela es el placer de la comida casera mientras que para los científicos el tiempo representa incluso la distancia que hay entre la Tierra y las estrellas, que están muy lejos, a años luz. Cada uno manifiesta una visión distinta de algo que todos comparten: la pluralidad de interpretaciones favorece la asimilación de un concepto tan complejo.
Nos ha gustado mucho el planteamiento del libro, la relación entre el texto y las imágenes y el ritmo narrativo. Las ilustraciones evocan las distintas concepciones pero antes describen a los sujetos que comparten sus opiniones, lo que sugiere de cierta manera que la percepción del tiempo está condicionada por la personalidad del que emite su juicio.
 El tiempo son los pájaros que vuelan lejos y en unos meses regresan…
Ser conscientes de que la subjetividad está presente en buena parte de las respuestas que nos dan y en las que nosotros damos está directamente relacionado con la capacidad de valorar dicha información. ¿Es esta capacidad algo que debe aprender un niño?