Hoy ha hecho falta frotar las cajas de embalaje con muchas ganas y gran valor. Ya llevan 4 sedes a sus espaldas y muchas horas de aduana y transporte. Hay que tener en cuenta que el gancho es también ese, que las vitrinas expositoras (al mismo tiempo que cajas de embalaje) dejen ver las huellas de la itinerancia.

Benny se preguntaba esta mañana si Numeralia era un libro para enseñar a los niños a contar. Le he invitado a contemplar las ilustraciones y a que sacara sus propias conclusiones. Las servilletas arrugadas en las que Isol hace sus bocetos – garabatos le tienen completamente despistado.

Durante el día de hoy he decidido hacer una escapada a South Beach y seguir explorando el barrio más grande del mundo de arquitectura de entreguerras (Art Decó y Modernismo).

Caminando, caminando he llegado hasta la playa. Allí los niños alojados en el
Ritz-Carlton tienen su propio espacio privado. Alguien ha debido descubrir que cuando los niños juegan con los cubos y los rastrillos la arena suele acabar pegada a la piel del algún adulto que acaba de echarse crema. Ya le han puesto remedio.

Cerca de allí la librería pública me ha permitido descubrir dos álbumes ilustrados muy interesantes.

El primero de ellos es Freedom Summer (Verano Libre) ilustrado por Jerome Lagarrigue y condecorado con el Ezra Jacks Keats. Trata de la amistad que no conoce de las feroces fronteras que los adultos pretenden imponer en la racista América de los años 60.

El segundo de los hallazgos es Elizabeti’s doll (La Muñeca de Elizabeti). También ha sido condecorado con el mismo premio que el anterior y su ilustradora Christy Hale ha llenado de belleza las ya hermosas páginas narradas por Stephanie Stuve-Bodeen.

La afectividad de la que son capaces los niños es siempre sorprendente. ¿Quién dijo que no se puede amar a una piedra?