¡Pues ya estamos de vuelta! Dibújame un Cuento ha quedado en Santo Domingo para ser visitada durante más de tres semanas en el Centro Cultural de España. Finalmente se dieron los últimos retoques de limpieza y “puesta a punto” durante las primeras horas de la tarde del sábado, y a partir de las cinco y media comenzó a llegar gente con mirada curiosa.

A las seis, ya había niños con sus familias, y también adultos relacionados atraídos por la novedad de la muestra, como le llaman aquí: artistas, maestros, estudiantes de arte…algunos en solitario y otros traían a sus hijos. Hice una visita guiada que estuvo salpicada de divertidas intervenciones de los chicos (algunos pequeños, ¡otros no tanto!), y en la que los adultos se terminaron integrando y participando con entusiasmo. Nica, que será la encargada de hacer las visitas a los escolares y a los visitantes individuales que lo soliciten, estuvo muy atenta, y entre lo que habíamos trabajado y el día anterior y el “ensayo general”, se lanzó en un segundo turno para un grupo de niños que vinieron de un centro social de un barrio cercano. Hubo durante la tarde aplausos, muchas preguntas interesantes y lo mejor, ¡grandes ojos de asombro! Ni los adultos ni los niños esperaban realizar tantos descubrimientos a través de unos dibujos… de modo que disfrutaron y nos hicieron disfrutar.

Ha sido una satisfacción grande comprobar el agradecimiento que estos primeros visitantes nos demostraron por traer a la ciudad esta exposición. Mientras nos tomábamos un jugo (zumo), en el patio del Centro Cultural, algunos maestros nos hablaron de la limitación de recursos con la que se encuentran, no sólo económica, sino de medios y herramientas que les ayuden a dar a lo educativo un enfoque diferente. Es curiosa la coincidencia, además, de que la sala en la que se encuentra la exposición fue la primera escuela de América. Parece que allí muchos niños abrieron sus ojos a un mundo desconocido…

La tormenta tropical que parecía acercase por la tarde nos dio cuartelillo y la noche quedó estupenda, despejada y cálida. La disfrutamos al aire libre y cuando finalmente me despedí de mis amigos del Centro Cultural, con esa extraña sensación de que nos veremos pronto en algún lugar, me di cuenta de lo mucho que me apetecería quedarme unos días más… de momento, la mañana del domingo la he aprovechado para callejear por algunas zonas del centro colonial que me apetecía ver con sol (¡por fin domingo con luz caribeña!), y visitar algunos lugares más. ¡Me quedó pendiente ir a la playa! Como me ha dicho Juan, el chófer que me ha traído al aeropuerto, ¡para la próxima!