“Korokoro” en japonés significa “rodar” y eso es más o menos en lo que consiste este álbum, en un erizo que rueda. Las ilustraciones de Emilie Vast se suceden en un hermoso desplegable que en si mismo constituye una obra de arte de lo más singular. Pero a diferencia de lo que ocurre con otros álbumes sin texto, en este el argumento tiene un gran protagonismo, especialmente cuando llegas al final y descubres que, misteriosamente, te ha arrancado una sonrisa.
De nuevo gracias, mil gracias, a Barbara Fiore por su extraordinaria labor editorial.